Teatro - Narraturgia - Ensayo - Poesía - Psicoanálisis

ISBN: 978-987-1155-95-8 

Páginas: 96 


Mauricio Kartun vuelve a abrevar en la fuente mítica para elaborar un discurso crítico sobre el presente. Ya lo hizo gloriosamente en su Tríptico patronal1 (entre otras), retomando a la sociedad argentina de principios del siglo XX. Se aleja ahora en el tiempo y en el espacio, para centrarse en la historia de Caín y Abel.

A diferencia del Tríptico…, nos encontramos aquí con una fábula bíblica. Si la consideramos en términos míticos es porque trabajamos sobre el supuesto de que, los mitos en los que ya no se cree, pasan a ser puramente artísticos; pero los mitos que conservan un estatus especial en la sociedad son traducidos al lenguaje del logos y se enseñan y aprenden de esa forma. Eso es lo que le sucedió a la Biblia en los siglos cristianos (es decir, del V en adelante). Asimismo, vale la pena recordar que las narraciones literarias (y por extensión las teatrales) descienden históricamente de los mitos, es decir, de relatos que por lo general tratan de los actos de los dioses situados in illo tempore.

Al ser relatos, son potencialmente literarios.

Sin embargo, estos mitos que trascienden el tiempo no son “meras” fábulas. Northrop Frye sostiene que lo primero que hace una ideología es dar una versión de lo que considera relevante en su mitología tradicional, y utiliza esta versión para formar y reforzar un contrato social. Una ideología es por tanto una mitología aplicada. Es por ello que los mitos tienen una función social diferente y distintiva. Esa función es, fundamentalmente, la de contar a la sociedad en la que se desarrollan todo lo que necesita saber sobre sus dioses, su historia tradicional, los orígenes de sus costumbres y su estructura de clase. Y esta función es, justamente, la ideológica.

Al retomar estas estructuras míticas en términos críticos, Kartun opera por medio de la inversión y la reescritura. Si la crítica es el lenguaje que expresa la conciencia del lenguaje, en el caso de los artistas permite su re-invención. Esto sucede porque las estructuras míticas desarrolladas por el teatro no son

ahistóricas, sino contrahistóricas: trasladan un tema histórico al tiempo presente y, por consiguiente, modifican o alteran elementos que acentúan los rasgos pretéritos del pasado.

En esta reinvención del mito de Caín y Abel, Kartun no altera la lógica causal de los acontecimientos, sino que se centra más bien en una lectura contemporánea de la “moraleja” cristiana. El castigo a Caín (y por extensión, a todos sus descendientes) ya no es tanto el destierro, sino el capitalismo.

Y siendo que somos hijos de Caín…

TERRENAL de Mauricio Kartun

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ISBN: 978-987-1155-95-8 

Páginas: 96 


Mauricio Kartun vuelve a abrevar en la fuente mítica para elaborar un discurso crítico sobre el presente. Ya lo hizo gloriosamente en su Tríptico patronal1 (entre otras), retomando a la sociedad argentina de principios del siglo XX. Se aleja ahora en el tiempo y en el espacio, para centrarse en la historia de Caín y Abel.

A diferencia del Tríptico…, nos encontramos aquí con una fábula bíblica. Si la consideramos en términos míticos es porque trabajamos sobre el supuesto de que, los mitos en los que ya no se cree, pasan a ser puramente artísticos; pero los mitos que conservan un estatus especial en la sociedad son traducidos al lenguaje del logos y se enseñan y aprenden de esa forma. Eso es lo que le sucedió a la Biblia en los siglos cristianos (es decir, del V en adelante). Asimismo, vale la pena recordar que las narraciones literarias (y por extensión las teatrales) descienden históricamente de los mitos, es decir, de relatos que por lo general tratan de los actos de los dioses situados in illo tempore.

Al ser relatos, son potencialmente literarios.

Sin embargo, estos mitos que trascienden el tiempo no son “meras” fábulas. Northrop Frye sostiene que lo primero que hace una ideología es dar una versión de lo que considera relevante en su mitología tradicional, y utiliza esta versión para formar y reforzar un contrato social. Una ideología es por tanto una mitología aplicada. Es por ello que los mitos tienen una función social diferente y distintiva. Esa función es, fundamentalmente, la de contar a la sociedad en la que se desarrollan todo lo que necesita saber sobre sus dioses, su historia tradicional, los orígenes de sus costumbres y su estructura de clase. Y esta función es, justamente, la ideológica.

Al retomar estas estructuras míticas en términos críticos, Kartun opera por medio de la inversión y la reescritura. Si la crítica es el lenguaje que expresa la conciencia del lenguaje, en el caso de los artistas permite su re-invención. Esto sucede porque las estructuras míticas desarrolladas por el teatro no son

ahistóricas, sino contrahistóricas: trasladan un tema histórico al tiempo presente y, por consiguiente, modifican o alteran elementos que acentúan los rasgos pretéritos del pasado.

En esta reinvención del mito de Caín y Abel, Kartun no altera la lógica causal de los acontecimientos, sino que se centra más bien en una lectura contemporánea de la “moraleja” cristiana. El castigo a Caín (y por extensión, a todos sus descendientes) ya no es tanto el destierro, sino el capitalismo.

Y siendo que somos hijos de Caín…

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